Parece ser que el viaje de ida y vuelta al satélite que brilla en las noches de la Tierra está siendo considerado como último hito de la humanidad. Es decir: uno de esos acontecimientos que marcan un antes y un después en la historia. A mi entender creo que es una consideración precipitada, especialmente si consideramos que la humanidad somos muchos y que en ella están quienes ni siquiera han tenido la oportunidad de enterarse de la existencia de este viaje, ni de ver una sola de las imágenes “únicas” que han proporcionado los protagonistas de la misión Artemis II, liderada por la NASA.
No solo la Luna tiene una cara oculta, que ahora se ha podido ver con “ojos humanos” por primera vez, también la llamada “conquista del espacio” tiene su particular cara oculta, quizá más oscura que la de la propia Luna.
De momento son dos las grandes potencias “dictatoriales” que rivalizan por conquistar el único satélite natural de la Tierra, sus cráteres, su falta de luz propia, su órbita y la distancia de nuestro Planeta (384.400 kilómetros según los expertos) parecen augurar grandes beneficios para la humanidad. Está por ver. Los beneficios de las “dictaduras” suelen ser para las élites más corruptas de la humanidad; y generalmente a costa de la explotación de los más vulnerables, el asesinato y la manipulación. De momento China lo es (régimen autoritario de gobierno de partido único -PCCH-, sin elecciones y sin libertad de expresión…); y Estados Unidos parece caminar también hacia el autoritarismo más radical (los análisis sobre el segundo mandato de Trump señalan esta deriva: intentos de concentrar el poder en el presidente y el ejecutivo, debilitamiento de los contrapesos democráticos, actuaciones contrarias al derecho Internacional especialmente en las guerras que propicia, con mayor intensidad en los últimos tiempos, represión de sus propios ciudadanos, amenazas a opositores y la prensa…). A ellas se han unido últimamente grandes corporaciones de multimillonarios que están invirtiendo tanto o más que los estados. Éstos poderosos sin bandera, tienen él mismo objetivo: aumentar su poder y sus beneficios económicos para controlar más la Tierra y sus habitantes. En manos de estos protagonistas es difícil confiar en que la conquista del espacio será beneficiosa, para la humanidad en su conjunto; es más lógico imaginar que los beneficios, si los hubiere, serán para los de siempre.
El ordenamiento jurídico internacional de Naciones Unidas, afirma que la Luna es patrimonio común de todos los pueblos de la Tierra y por consiguiente, no puede ser propiedad de ningún Estado, empresa o persona física (Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre 1967), ampliado posteriormente en el Acuerdo de la Luna (1979); establecen además el Uso Pacífico del satélite prohibiendo el establecimiento de bases militares, la prueba de armas y el establecimiento de bases militares. Ni Rusia, ni China, ni Estados Unidos han firmado estos tratados; así que estamos en lo de siempre, el conflicto estará asegurado, y sus negocios también. Más que un hito este viaje, el más largo realizado hasta el momento por el espacio, parece ser el preludio de un “atraco a mano armada” seguramente.
Considerar el viaje de estos cuatro astronautas como parte del Desarrollo Humano es mucho considerar. Quizá sea uno de tantos eufemismos a los que tanto nos estamos acostumbrando para ocultar la verdad. Más bien cabe imaginar que si un día se obtienen beneficios científicos, económicos y lúdicos del satélite amigo de la noche y la melancolía, lo serán para algunos privilegiados que dispongan de millones de dólares. Y, dicho sea de paso, con menos sensibilidad humana que una pulga, para respetar la vida de los demás.
Cuentan los que saben (y cuentan solo lo que les conviene) que este viaje para “ver con los ojos humanos” la cara oculta de la Luna ha costado unos 100.000 millones de dólares y que se ha renunciado a “pisar de nuevo la superficie lunar” (como lo había hecho el estadounidense Neil Amstrog en 1969), porque el coste hubiera sido enormemente mayor. Me resisto a no imaginar los hospitales que podrían haberse construido en África, y en India y los colegios que con estas milmillonarias inversiones podrían haberse habilitado por todo el Planeta.
Pretender pisar la superficie lunar mientras se pisotea la del Planeta Tierra y la dignidad de sus habitantes bombardeando sus ciudades, sus hogares y poblaciones enteras de civiles, niñas y niños incluidos, al tiempo que se fuerza a desplazarse de sus tierra a millones de seres humanos, obligándoles a vivir, aquí en la Tierra de Todos, sin pan, sin techo, sin agua ni alimentos, lejos de ser un objetivo de desarrollo humano racional, es únicamente cinismo y falta de verdadera humanidad, propia únicamente de “lunáticos inhumanos”.
Pretender conquistar la Luna con pretexto de progreso científico en la lucha contra las enfermedades, mientras aquí en la Tierra se ignora la salud de los millones de personas que se ven obligadas a convivir con la enfermedad endémica, amenazados de epidemias y hambrunas es una “alucinación” que nos convierte a todos en humanos deformados, como extraterrestres, sin ojos, sin manos y sin corazón.
Puede que, frente a los grandes proyectos de los nuevos “conquistadores” tan viejos y tan salvajes como los de antaño, nos quede únicamente volver al sueño de una humanidad hermana y hermanada, pueblos con pueblos, persona con persona, juntos y con el Planeta entero: conquistemos primero la Tierra y ya habrá tiempo para conquistar la Luna y Marte si se quiere. El espíritu humano es infinito, tiene por delante todo el tiempo del mundo, pero únicamente ejerce como tal cuando camina unido, sin explotación ni empobrecidos; al paso de los más lentos, sin dejar atrás a los más vulnerables.
Invito a acoger una de las últimas propuestas del Papa León XIV que, aunque referida a la oración y la búsqueda de la Paz, bien pueden ser un principio básico a tener en cuenta en todas y cada una de las pretensiones de progreso y desarrollo que merezcan ser consideradas humanas y humanitarias: “Necesitamos no dejarnos arrastrar por la aceleración de un mundo que no sabe qué persigue, para volver a servir al ritmo de la vida, a la armonía de la creación, y curar sus heridas” (Vigilia de Oración, 11 de abril de 2026).
jose maria marin sevilla
sacerdote y teólogo


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